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El inconsciente colectivo, la anticipación y la necesidad humana de encontrar a nuestros desaparecidos

El famoso psiquiatra suizo Carl Gustav Jung contó que, en 1914, mientras se encontraba en una conferencia en Escocia, tuvo visiones perturbadoras: imaginaba una inundación que cubría Europa, con mares de sangre y cadáveres flotando. Temió estar sufriendo un brote psicótico. Días después, estalló la Primera Guerra Mundial.

¿Había anticipado la catástrofe? ¿O su imaginación había dado forma a las tensiones de una Europa que ya caminaba hacia la guerra?

A veces, los sueños, el arte y la literatura parecen anticipar acontecimientos que todavía no han ocurrido. Quizá no se trate de predecir el futuro, sino de percibir señales que aún no comprendemos del todo, como si nuestra sensibilidad pudiera captar algo que nuestra conciencia todavía no logra nombrar.

En estos días, en Argentina, continúan apareciendo restos humanos de personas desaparecidas durante la última dictadura cívico-militar. Después de décadas de búsqueda, algunas familias reciben la noticia que esperaron durante cincuenta años.

¿Por qué es tan importante encontrar unos huesos? ¿Qué cambia cuando una familia puede dejar de buscar a un desaparecido y comenzar a despedir a una persona muerta?

La desaparición forzada impuso una forma de ausencia sin límites. No hubo cuerpo para velar, tumba que visitar ni certeza que permitiera elaborar el duelo. Los hijos crecieron sin saber dónde estaban sus padres. Los nietos heredaron historias incompletas y preguntas sin respuesta.

No se trata solamente de recuperar huesos. Se trata de recuperar una identidad, una historia y el derecho a la verdad.

¿Qué ocurre cuando una sociedad no consigue elaborar completamente una experiencia traumática?

La dictadura terminó, pero las consecuencias de sus crímenes continúan actuando en el presente. Los silencios también se heredan. Las preguntas sin respuesta forman parte de nuestra cultura. Lo que una sociedad no logra enterrar dejan huellas en la vida colectiva.

¿Qué sucede con aquello que no pudimos llorar, con lo que quedó atrapado en el silencio de lo no dicho?

Quizá la búsqueda de los desaparecidos también sea una manera de responder a esa pregunta. Una necesidad que no pertenece solamente a quienes perdieron a sus seres queridos, sino a una sociedad que necesita comprender su propia historia.

Cuando aparecen e identifican los restos de una persona desaparecida, el pasado deja de ser una historia incompleta: surge una evidencia que permite reconstruir los hechos y transmitir una verdad a las generaciones siguientes.

Me gusta pensar que, si el final de una película no nos convence, quizá sea porque todavía no terminó. La identificación de los restos no modifica lo sucedido, pero puede transformar el sentido que le damos a nuestra historia. La verdad no elimina el dolor ni garantiza la paz, pero abre una posibilidad que durante décadas estuvo negada.

Por eso, la búsqueda de los desaparecidos no se ocupa solamente de los muertos. Se ocupa también de los vivos y de quienes todavía no han nacido.

En Argentina, la investigación científica, la identificación genética, los testimonios y los procesos judiciales forman parte de una tarea colectiva que devuelve a esas personas el lugar que les fue arrebatado. La reparación no reside únicamente en los restos encontrados, sino también en el proceso de reconstruir quién fue esa persona y cómo su vida quedó ligada a nuestra historia.

Retomando un poco a Jung. No sabemos si acaso la historia es circular, pero sí sabemos que las sociedades pueden repetir sus violencias cuando se niegan a reconocerlas. La memoria nos permite identificar las señales del horror, comprender sus consecuencias y evitar que el silencio se convierta nuevamente en complicidad.

Porque encontrar a nuestros desaparecidos no significa devolverlos a la vida.

Significa devolverlos a la historia.

Y quizá esa sea una de las formas más profundas de reparar una ausencia: permitir que una vida, violentamente interrumpida, vuelva a tener un lugar entre nosotros.

Andrés Dunayevich

@historiascamboyanas

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